¿Tenemos miedo a afrontar la realidad?

19 Mar

Mi historia con David no tiene aún muchas páginas escritas. Sin embargo, después de unas semanas compartiendo tardes de trabajo supe que en algún momento acabaría siendo una de sus firmas. Este estudiante de Periodismo me ha cedido un hueco especial en su blog. Creo que la entradilla con la que me describió en Final Abierto y el texto que yo preparé para él deben estar también en mi propio refugio. Ahí va:

Nos conocimos hace exactamente cuatro meses. Era nuestro primer día de trabajo en aquella décima planta que reina Gran Vía. Yo me convertí en el becario de teatro y ella se convirtió en la chica de arte. Hasta ahora, seguimos siéndolo. Lo de las primeras impresiones mejor lo dejamos para otra ocasión, ninguno de los dos somos tal como nos presentamos el uno al otro aquel día de principios de noviembre.

Lorena es de Gijón, estudia 5º de Periodismo en la Universidad Complutense y es de esas personas que sabes que tienen la vocación por dentro y las ganas de comerse el mundo a flor de piel. Mente abierta, corazón caliente: dice que no es de decir demasiadas veces te quiero pero hasta ahora no me ha negado un solo abrazo. En estas semanas ya la he visto reír, llorar, preocuparse y volverse a reír mil veces más. Últimamente le gusta caminar sola, le encanta la sidra y siempre lleva un libro en el bolso. Cuando, por el motivo que sea, tiene que faltar a la oficina, a mí es como que me falta algo. Con su firma demuestra lo que vale.

Sonríe

Hace tan sólo un par de horas una servidora se reía de este chico que se ve guapo a sí mismo. Las tardes en la décima planta a veces se hacen eternas, pero siempre tienen un toque diferente cuando las compartes con alguien como él. He venido aquí a confesarme, a abrirme un poco más de lo debido, a saltar la pequeña valla que aún separa a estos dos becarios con ganas de comerse el mundo. Sí, yo también me veo guapa.

Nunca se me ha dado bien ser concisa, asunto un tanto problemático cuando quiero dedicarme a eso del periodismo. Hoy voy a permitirme no centrar mi firma en ningún tema que me impida disfrutar de una de las cosas con las que más disfruto: escribir.

Podría hablar de nuestra futura profesión, de la información, de su ausencia en los medios excesivamente politizados, ideologizados, manipulados; de quienes ejercen una ciencia que no conocen, de quienes deshonran una vocación. Pero estoy harta. Y no soy la única. Una serie de palabras nos llevan (per)siguiendo los últimos años para sumirnos en el más profundo de los pesimismos, en ese que nos vuelve meros peones de una sociedad teledirigida desde la cúpula del poder. No pienso escribirlas, no pienso dar una oportunidad más a que se cuelen en nuestras mentes, en nuestras fuerzas y esperanzas.

Hoy vengo a hablar de todo lo que me gusta. Me gustas tú, David; y me gusto yo, Lorena. Me gusta que exista gente que quiera seguir luchando por el periodismo, por la cultura, por sacar una sonrisa al que tenemos enfrente y que siempre esté esperando que alguien le corresponda enseñándole algo nuevo cada día. Me gusta vivir con todo lo que ello conlleva.

Los días pasan sin darnos ningún tipo de tregua y la sociedad los malgasta inventándose preocupaciones, necesidades y quejas con las que llenar las horas. ¿Tenemos miedo a afrontar la realidad? No soy fan de la tecnología. No me entendáis mal, no soy una cínica. Soy consciente de las posibilidades que ofrece y la cantidad de ventajas que supone. Lo que reivindico es el trato personal. No comprendo cómo alguien puede vivir únicamente a través de las redes sociales, cómo puede pasarse días sin ver a sus amigos en persona o sin otro tipo de comunicación más allá de las frases de 140 caracteres.

Estoy segura de que el principal problema es la concienciación. La mayor parte de la sociedad no se da cuenta del estado de ensoñación en el que se encuentra, de su falta de criterio y, por tanto, de la fácil manipulación a la que están sometidos. La vida es demasiado corta y demasiado bonita para dejarla pasar entre lamentos y mentiras creadas, en ocasiones, por nosotros mismos.

Muchas veces opto por poner buena cara cuando me encuentro con una de esas personas a las que la corriente arrastra. Su falta de personalidad les lleva a adquirir los mismos gustos de aquellos que les rodean sin que se planteen la posibilidad de descubrir al menos uno más de todos los puntos de vista que existen sobre una misma realidad. Pero cada día me cuesta más. ¿Alguna vez has necesitado gritar de tal forma que si no lo haces algo dentro de ti se romperá y quedará silenciado para siempre? No quiero que eso pase. Quiero gritarle a todo el mundo que se atreva a conocer, a disfrutar de sus propias experiencias, a aprender de los errores y a elegir su propio camino. La libertad es lo más grande que tenemos y muchos la están desaprovechando. Gocemos de un derecho que se está convirtiendo, por desgracia, en un privilegio.

Si somos libres las sonrisas ganarán la lucha.

LORENA.

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